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“Cuando mis padres me obligaron a abandonar la escuela, dejé de comer”

Parvati corrió y ganó su primera carrera a los nueve años de edad. / Fotografía: Magic Bus

Maribel Hernández

Su nombre significa “hija de las montañas”. La joven india Parvati Pujari creció en las chabolas destinadas a las familias de los obreros que trabajaban en la construcción de lo que hoy es uno de los mayores complejos comerciales de la India, el Phoenix Mills de Mumbai. Con 23 años, no recuerda el número de trofeos que ha ganado en los distintos deportes que practica. Dice que son incontables y ríe al otro lado de la pantalla, acompañada de Rutuja Powle, su compañera en Magic Bus, la ONG donde trabaja. Pero Parvati tiene bien clavado en la memoria un momento: su primera carrera. Tenía nueve años. “Fue la primera vez en mi vida en que gané un premio. Estaba feliz, todo el mundo me felicitó y me dio la enhorabuena, mis profesores, mis compañeros, todos… Me di cuenta de que podía convertirme en una atleta”.

La historia de Parvati es una historia de superación y esfuerzo detrás de un sueño. “En mi país no se entiende mucho el deporte femenino, son muy pocas las personas que aceptan y creen que la presencia de las mujeres en el deporte es algo positivo, la mayoría no lo comprenden, se piensa que nuestro papel es estar en la casa y cuidar de los niños”.

Parvati asumió muy pronto esos roles tradicionales. Fue la cuarta de seis niñas (su padre, Baban Pujari, siempre buscó un hijo varón) y vio casarse a los 12, 13 y 17 años a sus hermanas mayores. Ninguna de ellas fue a la escuela. Hasta los nueve años, la infancia de Parvati transcurrió entre chabolas, ocupándose de sus dos hermanas pequeñas y de la casa. “En mi barrio había tres niños que iban al colegio. Yo los veía con sus uniformes y sus mochilas, tan limpios y arreglados… Quería ser como ellos y le dije a mis padres que me llevaran también a la escuela”, recuerda. A los nueve años fue al colegio por primera vez.

Entonces, llegó esa carrera, sus primeros 100 metros en la competición anual. Otro hecho marcaría su infancia: el campamento con Magic Bus. Tres días de actividades lúdicas y educativas organizadas por esta ONG que trata de mejorar las condiciones de vida y la educación de los niños y niñas de los barrios más pobres a través del juego y el deporte. “Fue algo mágico. La sensación de tener amigos, ir de excursión, todo lo que aprendimos. Ese campamento me hizo sentir especial, nadie me había dicho antes nada así, ni en mi barrio, ni en mi familia. Descubrí un mundo diferente”, rememora Parvati, que comenzó a asistir a los talleres semanales de esta organización.

La huelga de hambre: “yo no quería casarme”

En la India, el 47% de las niñas menores de 18 años están casadas, según datos de UNICEF. El matrimonio infantil también estaba en los planes de los padres de Parvati. “A los 13 años querían que me casara. Mis padres tuvieron seis chicas y en la India, por tradiciones como la dote, las hijas son una carga para las familias. Las razones económicas y la creencia de que a esa edad si no me casaba era probable que abusaran de mí forzó a mis padres a casarme”, cuenta Parvati, que ya era una destacada deportista. “Fue muy difícil enfrentarme a esto. Mis padres me dijeron que no podían seguir gastando dinero en mi educación, que me tenía que casar, pero yo no quería casarme, quería seguir estudiando”, recuerda.

No estuvieron de acuerdo y la obligaron a abandonar la escuela y las actividades con Magic Bus durante dos meses. “Fue el peor momento de mi vida”. Pero Parvati lo tenía muy claro: “Dejé de comer”. Finalmente, la mediación de uno de sus tutores en la ONG surtió efecto y sus padres accedieron. Dos años más tarde, a los 15, volvió a repetirse la escena. “Me dijeron que ya era demasiado mayor, que me tenía que casar, ya no se iban a gastar más dinero”. Pero Parvati estaba decidida a seguir luchando por aquello en lo que creía. Tenía un plan: si el pretexto era económico, trabajaría. Magic Bus le ofreció una beca de 2.500 rupias al mes. Durante dos años trabajó de 9 de la mañana a 5 de la tarde y estudió en un colegio nocturno. Las presiones terminaron.

La niña que ganó su primera carrera a los nueve años se convirtió en la primera persona de su familia y su comunidad en graduarse en la universidad. En 2013 finalizó sus estudios en Comercio. “Quiero seguir estudiando. Me estoy sacando un diploma en Educación Física y me gustaría formarme en gestión deportiva, poder ir a estudiar a otro país”, cuenta Parvati. Ahora es entrenadora y responde con un sí rotundo cuando se le pregunta si el deporte es su mayor pasión.

La “hija de las montañas” ha cosechado grandes éxitos en atletismo o en fútbol y, aunque le cuesta decidir cuál es su deporte favorito, siente una especial debilidad por el rugby. En esta disciplina ha competido a nivel nacional y ha estado a punto de ser elegida para competir internacionalmente con la selección india. Una fractura en la pierna se lo impidió. Pese a todo, Parvati practica el consejo que le da a las niñas de su país: “no rendirse nunca y tomar tus propias decisiones”.

La CNN escogió a Parvati como una de “las otras Malalas” cuyo ejemplo es inspiración para las niñas del mundo. “Fue muy emocionante para mí”, confiesa. Esta joven india es consciente del impacto que genera. “Me dicen que soy un modelo a seguir, y voy a seguir trabajando para ser un buen modelo”, promete. Ninguna de sus dos hermanas pequeñas se ha casado. Una de ellas trabaja como enfermera y la menor está acabando sus estudios. “Me he convertido en un ejemplo para mis hermanas”

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